En el marco del Decreto 67, la Unidad de Currículum y Evaluación abordó en sus webinars dos grandes temas —la evaluación diagnóstica y los planes de acompañamiento pedagógico—, unidos por un mismo pilar: la evaluación formativa como práctica institucional para resguardar las trayectorias de aprendizaje.
Los webinars dejan claro el qué: levantar evidencia a partir de criterios e indicadores, observar niveles de desempeño, definir metas, monitorear la progresión y retroalimentar. Lo que queda abierto es el cómo —con qué instrumento sostener todo eso, clase a clase, sin sumar burocracia—. Desde Evalúo Tool proponemos una respuesta concreta: la rúbrica.
El diagnóstico, punto de partida
La evaluación diagnóstica arrastra varios mitos que vale la pena despejar antes de hablar de cómo usarla.
"Es la primera nota del año."
En realidadSu finalidad no es certificar un aprendizaje, sino conocer el punto de partida para planificar. Ponerle nota desvirtúa ese sentido: la información que entrega vale por sí misma, sin calificación.
"Si no lleva nota, los estudiantes no la toman en serio."
En realidadLa importancia de una evaluación no se la da la calificación, sino el aprendizaje que revela. Este mito refleja una cultura centrada en la nota, y la diagnóstica es justamente una oportunidad para empezar a cambiarla.
"Se aplica una sola vez, al inicio del año."
En realidadNo tiene por qué ser una única instancia ni limitarse a marzo. Puede dividirse en varias estrategias y actividades, y usarse cada vez que necesites saber desde dónde parten tus estudiantes.
Despejado eso, su sentido es claro: levantar evidencia sobre aprendizajes previos, habilidades y actitudes a partir de criterios e indicadores, observando niveles de desarrollo y diversificando agentes e instrumentos, con la retroalimentación como corazón del proceso.
Aquí la rúbrica encaja de forma directa: en lugar de detectar solo "lo que el estudiante no sabe", traduce los criterios en niveles de desempeño observables y entrega un mapa de brechas y fortalezas que alimenta el diseño del plan de acompañamiento.
El plan de acompañamiento, fase por fase
No es un trámite, sino una decisión técnico-pedagógica basada en evidencia. El Decreto 67 lo exige para estudiantes en riesgo de repitencia y permite extenderlo a cualquiera que lo requiera. Se organiza en cuatro fases.
Diagnóstico y antecedentes
Recopilar información académica, socioemocional y contextual para situar el punto de partida del estudiante.
Diseño y planificación
Definir metas, estrategias, responsables y recursos a partir del diagnóstico previo.
Implementación y monitoreo
Ejecutar las acciones con seguimiento constante, ajustando in situ según la evidencia recolectada.
Evaluación y toma de decisiones
Analizar para continuar el plan, cerrarlo por logro de metas o rediseñarlo.
Tres formatos, según tu realidad
El Cuadernillo 6 ofrece tres modelos adaptables. No hay uno obligatorio: puedes elegir el que calce con la carga y los recursos de tu escuela, o combinar elementos de varios.
Simplificado
Se enfoca en las acciones mínimas necesarias y un registro ágil. Lo esencial, sin fricción.
Intermedio
Pensado para escuelas con PME en marcha. Pone el énfasis en el monitoreo y la retroalimentación constante.
Integral
Profundiza en la trayectoria personal, el contexto familiar y el impacto socioemocional del estudiante.
El acompañamiento no es solo para quien arriesga repitencia
El caso de Ramiro
Ramiro entra a enseñanza media y debe vivir en un internado. Su plan de acompañamiento se activa por factores socioemocionales y de adaptación, aunque no tenga riesgo académico inicial. El mensaje es claro: el acompañamiento resguarda la trayectoria completa del estudiante, no solo la nota.
La rúbrica no es el único camino, pero sí una forma concreta de recorrerlo: convierte la percepción subjetiva en evidencia clara y accionable, del primer criterio a la decisión final.
Un aporte concreto para establecimientos municipales y subvencionados
Trabajar con evidencia criterial responde a necesidades estructurales de estos contextos. Son beneficios posibles, que dependen de cómo cada comunidad los implemente.
- →Focalización de recursos. Ayuda a identificar estudiantes y habilidades prioritarias donde invertir tiempo y apoyo.
- →Trazabilidad y transparencia. Sostiene decisiones ante la supervisión, la UTP y las familias, y alinea el trabajo con el PME y el Decreto 67.
- →Lenguaje evaluativo común. Instala criterios compartidos que fortalecen la cultura evaluativa institucional.
- →Continuidad pese a la rotación docente. Los criterios de éxito quedan institucionalizados y no dependen de la intuición de un solo profesor.
Fuentes: webinars sobre evaluación diagnóstica y planes de acompañamiento, y el Cuadernillo 6 de la Unidad de Currículum y Evaluación (MINEDUC). Los tres formatos están en los Anexos del Cuadernillo 6, disponible de forma gratuita en curriculumnacional.cl.